Un grupo que ensaya tres tardes y graba maquetas
El caso más repetido es el de un cuarteto de rock de barrio que lleva seis o siete años tocando en locales prestados y quiere un sitio fijo donde dejar los amplificadores sin montar y desmontar cada vez.
Vienen de zonas como Pizarrales o Garrido, a veces desde Santa Marta de Tormes. Preguntan si el backline está incluido o hay que traerlo todo. En nuestro caso el backline es parte de la sala: hay batería, amplificadores de guitarra y bajo, y monitores para escuchar la mezcla mientras se toca, algo que no todos los locales de la ciudad ofrecen y que ahorra a cada grupo cargar y descargar el equipo dos veces por semana durante todo el año. No es un estudio grande. No lo necesitan.
Lo que les encaja no es una sala de grabación profesional, porque no lo son ni lo necesitan. Vienen dos o tres tardes entre semana, montan, ensayan dos horas, graban una maqueta de tres o cuatro canciones con un técnico que se queda en la sala y se van a casa antes de las diez. Un grupo de este tipo suele gastar entre 90 y 140 euros al mes si reparte el alquiler entre los cuatro, y para ellos eso es menos que pagar un local con humedades en un polígono.
Isabel Sánchez, que lleva atención al cliente desde 2019, suele ser la primera persona que los atiende. Les explica que el acceso es por la Ronda de Extremadura, que hay sitio para dejar furgonetas pequeñas en la zona y que no se puede fumar dentro. Nada de eso es negociable, y los grupos que llegan por primera vez lo entienden rápido.
Una cantautora que graba dos canciones y un videoclip casero
Otro perfil frecuente es el de una cantautora sola, con guitarra acústica o teclado, que quiere grabar dos temas para subirlos a plataformas y necesita algo más que una habitación con un micrófono. Vienen a veces desde el centro, desde la Plaza Mayor o desde la zona de la Biblioteca Casa de las Conchas, y llegan con las canciones ya compuestas y con una idea clara de cuánto tiempo quieren dedicar a cada toma. Aquí lo que encaja es la sala pequeña, no la grande. Dos canciones, cuatro horas.
La sala pequeña permite grabar voz y guitarra a la vez con un aislamiento aceptable y sin que la batería del grupo de al lado se cuele en la toma, algo que en un local compartido no siempre ocurre y que a veces obliga a repetir tomas enteras hasta que la mezcla queda limpia. Una sesión de cuatro horas suele bastar para grabar dos canciones con tres o cuatro tomas cada una, y el precio por esas cuatro horas ronda los 60 euros si vienen fuera del horario de tarde, que es el más solicitado.
Laura Romero, la persona que lleva compras, insiste en que el material no se puede sacar del local, y tiene razón. Hay quien pregunta si puede llevar su propio equipo y grabar en su casa; se le explica que no, que la sala es la sala y que si quiere grabar en otro sitio tendrá que buscarse otro sitio. No hay servicio de grabación a domicilio, ni de mezcla posterior, ni de masterización. Lo que se graba aquí se entrega en bruto, y a partir de ahí cada cual hace lo que quiera.
Un instituto que prepara un concierto de fin de curso
En mayo y junio llegan consultas de institutos de Salamanca y de pueblos cercanos como Villamayor o Carbajosa de la Sagrada, que quieren montar un concierto de fin de curso y buscan un sitio donde ensayar con los alumnos. Suelen ser grupos de entre ocho y quince chavales de 14 a 17 años, con un profesor de música que hace de director y de responsable, y que a menudo es también quien pone la cara cuando algo se rompe o cuando un chaval llega tarde. Lo que necesitan no es una grabación, sino un espacio con equipo suficiente para que suene todo junto y con un horario que no se alargue más allá de las siete de la tarde, porque a esa hora muchos ya tienen que coger el autobús de vuelta a casa.
La sala grande es la única opción. Cabe un grupo con dos guitarras, bajo, batería, teclado y tres voces, y se puede ensayar un sábado por la mañana con cita previa. Pilar Jiménez es quien gestiona las citas y suele pedir que el profesor confirme por correo electrónico la lista de alumnos que vienen, porque el aforo es limitado y no se puede pasar de ahí.
El precio para una sesión de dos horas en sábado ronda los 45 euros, y no se cobra por persona. A veces el instituto pregunta si se puede facturar a nombre del centro; se puede, siempre que los datos lleguen antes del día del ensayo, y conviene mandarlos con un par de días de margen para que estén listos a la hora de abrir la sala y no tener a quince chavales esperando en la puerta mientras se resuelve el papeleo. Lo que no se hace es ceder el espacio para conciertos con público, ni para actuaciones abiertas al barrio, porque la actividad de la sala es ensayo y grabación, no exhibición.
Quién no debería llamarnos
Esta parte es la más importante. No atendemos encargos de reparación de vehículos, ni de instalación o revisión de cableado eléctrico, ni de circuitos de refrigeración. Tampoco tocamos la obra del edificio: si alguien necesita cambiar una puerta, levantar un tabique o arreglar una gotera, tiene que buscar a otra persona. Y no aplicamos pesticidas ni biocidas de ningún tipo, ni dentro ni fuera del local.
Tampoco ofrecemos servicios médicos, financieros, legales ni educativos. No somos gestoría, no asesoramos sobre subvenciones, no preparamos documentación para ayudas y no damos clases regladas. Si alguien viene a pedir un informe para un expediente o una valoración profesional de cualquier tipo, no es aquí. No tenemos número de colegiado, ni licencia profesional, ni estamos inscritos en ningún registro corporativo, y nunca decimos lo contrario. Nada de eso existe. No se puede prometer.
Otra cosa que conviene aclarar: no trabajamos con proyectos que necesiten una garantía de dos años sobre un servicio, porque esa garantía es para bienes y no para servicios, y a veces se pide en la primera llamada sin que venga al caso. Tampoco prometemos resultados de ningún tipo, ni ingresos, ni contratos, ni bolos, ni colocación en ningún sitio, y quien llegue esperando que le presentemos a un promotor o a un dueño de sala se va a ir igual que ha venido, porque no tenemos esos contactos ni los hemos tenido nunca.
El horario también filtra bastante. De lunes a viernes se atiende de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 19:00, y los sábados solo con cita previa. No hay atención telefónica fuera de esas horas, y no se reserva por mensaje directo en redes sociales. Quien necesite respuesta inmediata un domingo a las once de la noche no la va a tener, y eso es mejor decirlo antes de que alguien coja el coche y se plante en la Ronda de Extremadura 2 para nada, porque después el enfado no se arregla ni con una disculpa ni con un café en la esquina. El teléfono es el 923 937093.
La lista de personas que trabajamos aquí es corta: Daniel González lleva presupuestos, Isabel Sánchez atención al cliente, Laura Romero compras y Pilar Jiménez citas. Nadie más atiende, nadie más decide y nadie más puede confirmar una reserva. Desde 2007 el funcionamiento es ese, y no ha cambiado. Si no encaja, se dice en la primera conversación, sin dar vueltas.