Una carpeta sobre el mostrador

El registro horario obliga a un local de ensayo de Salamanca a rehacer su agenda

El lunes 3 de agosto, a las 9:32, Isabel Sánchez abrió la persiana de Ronda de Extremadura 2 y encontró una carpeta con quince hojas grapadas. Desde el 1 de agosto, Pyogenicatlasx anota la entrada y la salida de cada cliente en un papel que antes no existía.

Una carpeta sobre el mostrador

Cada hoja lleva el nombre de un grupo, la hora exacta de entrada, la hora exacta de salida y la firma de quien recoge la llave.

Antes de esa fecha, todo se resolvía con una libreta pequeña y un rotulador.

La sala de ensayo funciona desde 2007 en un bajo de la Ronda de Extremadura, frente al antiguo matadero, y desde hace años trabaja con tramos de una hora: un grupo entra a las 18:00, otro a las 19:00 y así hasta las 22:00, con el backline ya montado y la batería afinada desde por la mañana. El cambio normativo obliga a dejar constancia de la jornada de cada persona que trabaja en el local. No solo de los clientes.

Laura Romero, responsable de compras, calculó el viernes 31 de julio que el papeleo añadía entre once y catorce minutos diarios a la apertura. Multiplíquelo por veintidós días laborables y sale casi una jornada entera al mes.

El local no ha contratado a nadie más para cubrirlo.

Isabel Sánchez lo resume así: la libreta era para los grupos, la carpeta es para nosotros, y la carpeta no se cierra sola a las 22:00 cuando el último grupo se va con el amplificador bajo el brazo.

Una carpeta sobre el mostrador

Los tramos de una hora se quedan cortos

Daniel González prepara los presupuestos y ha rehecho la parrilla de reservas de todo el mes de agosto.

Los grupos que ensayan en la sala grande suelen pedir dos horas seguidas; antes se les encajaba sin problema, ahora hay que dejar un margen de diez minutos entre uno y otro para que la persona que cierra la hoja pueda firmar.

Ese margen parece pequeño y no lo es.

En la práctica reduce la capacidad del local en dos tramos cada tarde y obliga a rechazar reservas que antes entraban. La sala pequeña, la que usan los dúos y los tríos, ha pasado de admitir siete sesiones diarias a seis, y la grande ha perdido el tramo de las 21:00 los martes y los jueves, que era el que más se pedía entre los grupos que vienen desde el barrio de Garrido después de trabajar.

Pilar Jiménez gestiona las citas y atiende el teléfono 923 937093. Explica la misma cosa a cada grupo que llama, con una frase que repite desde el primer día: si entras a las 19:00, tienes hasta las 20:00, y a las 20:05 ya no puedo firmarte la salida.

El sábado se trabaja solo con cita previa, y ese día el registro se hace igual.

La diferencia es que no hay mostrador abierto y la carpeta viaja con quien abre.

Instrumentos prestados y una hora de margen

El local alquila backline: amplificadores, una batería completa, dos bajos y un teclado de 61 teclas.

Cada instrumento que sale prestado se anota en una ficha aparte, con la hora de recogida y la hora de devolución. Esa ficha también ha crecido, y ahora lleva un hueco para la firma de quien devuelve el amplificador, aunque lo devuelva el mismo grupo que lo recogió.

Isabel Sánchez lleva la atención al cliente y ha reorganizado las fichas por orden de llegada, no por orden alfabético. Dice que así encuentra antes el nombre del grupo que llama para preguntar si su amplificador sigue disponible.

Junto al acceso al local hay una parada de autobús urbano que conecta con el centro, y muchos grupos llegan en ella y se van andando hacia Garrido. La sala cierra a las 22:00 y el último tramo empieza a las 21:00, así que quien ensaya tarde depende del autobús o de un coche.

Un grupo de la zona de Tejares canceló el 4 de agosto su reserva de los jueves porque el nuevo margen les dejaba solo cincuenta minutos útiles.

No hubo discusión: les devolvieron la señal y quedaron para septiembre.

Lo que cuesta cuadrar cada jornada

Pyogenicatlasx S.L. no ha subido el precio de la hora, que sigue en 12 euros para la sala grande y 9 para la pequeña.

Tampoco ha cambiado el horario: de lunes a viernes, de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 19:00, con el sábado reservado para citas.

Lo que ha cambiado es el tiempo que se dedica a cuadrar cada jornada, y ese tiempo no se factura a nadie.

Daniel González estima que entre la hoja de firmas, la ficha de instrumentos y el cierre de caja se van casi cuarenta minutos al día. La cifra no es definitiva porque agosto es un mes raro, con menos grupos y más ausencias, y porque dos personas han estado de vacaciones la primera quincena.

La sala no ofrece servicios médicos, ni financieros, ni jurídicos, ni educativos. Tampoco trabaja sobre vehículos, instalaciones eléctricas, circuitos de frío ni elementos estructurales del edificio, ni aplica productos fitosanitarios, y todo eso lo aclara cada vez que alguien llama preguntando por algo que no hace.

Isabel Sánchez insiste en que la carpeta se queda, aunque ocupe sitio.

Dice que prefiere perder dos minutos por grupo a tener que explicar después por qué falta una firma.

Agosto en Salamanca, con menos grupos y más papeles

Agosto vacía los ensayos.

Muchos músicos se van y las reservas caen casi a la mitad, así que el nuevo registro se nota menos de lo que se notará en octubre, cuando vuelvan los grupos y coincidan tres reservas seguidas en la sala grande.

Mientras tanto, el local sigue abriendo cada mañana a las 9:30.

La carpeta de quince hojas ya tiene cincuenta y tres firmas. Nadie ha protestado por firmar, pero dos grupos han preguntado si el registro se puede hacer por correo electrónico, y la respuesta ha sido que no, que la firma se pone en el mostrador, con bolígrafo y a la vista de quien abre la sala.

Isabel Sánchez cierra a las 19:00, guarda la carpeta en un cajón y apunta la hora exacta.

Es lo que hay que hacer desde el 1 de agosto.

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